SCOTT MATTHEW


[Scott Matthew – Upside Down]

A mí los locos, a veces, me emocionan. Con la música de Scott Matthew me pasa lo mismo: en ella hay una especie de lucidez descarnada, de verdad imbatible, de incomprensión enigmática, de lamento antiguo y poderoso que me toca algo por dentro que no sé muy bien definir (y eso que se supone que soy escritor). Siempre he sido muy fan de aquello que no llego a comprender. Como con los locos, la música de este cantautor (¿por qué me chirría etiquetarle así?) va más allá de las palabras, se adentra en el terreno de las tripas y los deseos desesperados, se esparce por el aire en un lenguaje personal y único, de una sensibilidad arrebatadora. Es música de, por y para suicidas enamorados y devoradores de vida en grandes tragos. Su belleza es tal que provoca torrentes de alegría y tristeza desmesurados, una comunión alegre y envenenada, todo a la vez. La desprotección emocional alcanza nuevas cotas cuando te adentras en sus melodías. Parece reírse de ti (y contigo), tender el hombro para recibir tus lágrimas, fundirse en un abrazo y acariciarte el pelo, permitiéndote ser. Es generoso, brutal, magnánimo, optimista, empático y de una humildad envidiable. Su música es tu madre y tu amante, tu amiga y tu confesor, tu espejo y tu camino, tu desesperación y tu reencuentro. Su mundo es el del susurro, el lamento, la risa y su inseparable oukelele. Su música está hecha de tus secretos. De todo aquello que no atreves a sentir (y mucho menos compartir) salvo en la privacidad de tu habitación.

No le verás en grandes estadios, porque, como todos los momentos que cuentan y que dan sentido, lo suyo son los lugares pequeños, casi inexistentes. La grandeza de la pequeñez, en definitiva. Lo universal de lo más íntimo. Hay artistas que son únicos. Y con sólo dos discos a sus espaldas, estoy seguro de que Scott Matthew, ese bigfoot amanerado e hipersensible, pertenece a esa raza. No te sorprendas si en más de una ocasión te descubres emocionado al borde de las lágrimas. Antes de que una vida llena de desilusiones, obstáculos y rutina entumezca y elimine definitivamente tu visión, tu oído y tus sentidos… date el gusto.

 

Revista NEO2