I-D: Una criminal medio desnuda pasea por Barcelona.

una criminal medio desnuda pasea por barcelona

El dúo irreverente formado por el director Javier Giner y la cantante y actriz Julia de Castro rompe las reglas del género con esta obra que es puro cine de guerrilla y una de las citas más esperadas del Festival Rizoma 2015.

Puede que estemos hablando de una docuficción, de una performance, de un manifiesto artístico… O incluso de una tragicomedia. Lo cierto es que Julia de Castro, de la Puríssima: anatomía de una criminal es una obra difícil de clasificar, tanto es así que Javier Giner -su director- lo denomina como ‘cosa’.

De lo que sí estamos de acuerdo es que es un film con mucho carácter, personalidad y cachondeo. Con la indomable Julia de Castro y su coño de protagonistas, el cortometraje -que se podrá ver el próximo 25 de junio en el Festival Rizoma de Madrid– es una auténtica aventura donde no sabemos qué es ficción y qué es realidad. Hablamos con su director para que nos desvele los secretos de su nuevo trabajo.

¿Cómo surgió la idea de trabajar con Julia?
Conozco a Julia desde hace años y soy fiel admirador de su trabajo como actriz y cupletista con el grupo De la Puríssima. Desde siempre nos habíamos seducido mutuamente con la posibilidad de hacer algo juntos. En un momento dado, Julia me llama y me cuenta que viene a Barcelona porque va a hacer una performance en la clausura de la exposición de ?”scar Tusquets en una galería. Me explica que en la expo hay un retrato suyo al óleo que ?”scar ha pintado y que ha comprado la Fundación Can Framis para el Museo Can Framis. Y me envía una foto del cuadro. De esa información y de las ganas de hacer algo juntos nace esta pieza, que a día de hoy no sabemos cómo clasificar.

¿Cuál es el mensaje que se esconde detrás de una pieza en apariencia tan desenfadada?
Si lo hay a mí se me escapa. Es cierto que la gente que lo ha visto habla de que tocamos varias cosas, pero yo prefiero mantenerme al margen de esas lecturas. Me gusta la idea de que cada espectador saque sus propias conclusiones y sus propias lecturas; me apetece mucho que a cada uno le afecte de una manera diferente y que cada uno se lleve su mensaje. No es una pieza que adoctrine; de hecho, me parecería un horror que lo hiciese. Es una pieza hecha por pura diversión y necesidad de sacarse de encima etiquetas, armaduras, estructuras y miedos.

¿Cómo fue rodar un cortometraje tan particular como éste?
Fue liberador, profundamente liberador. Y muy estimulante. Cada día que nos lanzábamos a la calle era un gran interrogante: ‘¿Qué pasará hoy?’. Vivíamos en una zona de incertidumbre continua con un objetivo claro: pasarlo lo mejor posible sin pensar en nadie más que en nosotros mismos. Curiosamente, eso también da mucho pavor: cuando intentas escapar de las zonas donde mantienes el control y las maneras en las que te sientes seguro de pronto comienzan a temblarte las piernas y te agarras a lo que tienes más cerca -en este caso, a tu equipo-.

Fue un ejercicio de confianza ciega entre nosotros: Julia confiaba en mí a tumba abierta; yo en ella, ella en el equipo, el equipo en ella, yo en el equipo, el equipo en mí. Ahora, a posteriori, me doy cuenta que no podríamos haberlo hecho de no haber sido en estas condiciones. Pero también fue duro y tremendamente exigente: rodábamos muchísimas horas y en condiciones muy precarias. Y arriesgado: casi nos detuvo la policía en un par de ocasiones, nos intentaron pegar en otras dos… En fin, nada que no sea un poco lo normal en cualquier rodaje guerrilla (risas).

¿Cómo fue rodar con alguien con tanta personalidad como Julia de Castro?
Ha sido un regalo y un honor: ella es el alma, la razón y el coño de esta pieza. Sin ella y sin su generosidad, su arrojo y su valentía nada de esto sería posible. Necesitas tener a tu lado a un “animal” para poder hacer algo así. A alguien que vaya a tumba abierta y que no te cuestione. Que no se amilane y que lo defienda todo. Es impresionante todo lo que hace y desde dónde lo hace. Sus ojos transmiten una verdad desesperada que a mí me emociona. La gente dice que dentro de la locura, la pieza transmite mucha verdad. Esa verdad está en los ojos de Julia. Ha sido una bendición estar a su lado.

El film baila entre el documental y la ficción, ¿hasta qué punto está ficcionado? Porque ver a Julia pasear por la Rambla semidesnuda y con una torera es todo un espectáculo…
Hay mucho de ficción y de realidad también, pero es un secreto que no podemos desvelar. Ahí reside parte del juego que planteamos: no saber nunca qué es qué.

Jugáis en todo momento con la improvisación, ¿cómo se controla algo que no está previamente escrito en un papel?
Pues se controla dejándote ir y divirtiéndote. Y apretando el culo. A mí me encanta rodar con un guión férreo y habiendo ensayado hasta la extenuación, imagínate. Yo daba indicaciones generales de por dónde íbamos a ir para, digamos, estructurar la pieza según avanzábamos pero se fue construyendo según la propia realidad iba ocurriendo. Así que yo iba “escribiéndola” según avanzábamos con lo que nos iba pasando.

Me inventaba cosas, líneas de diálogo, situaciones. Pero era un esfuerzo común. Julia aportaba muchísimo (hay secuencias en el montaje final que son propuestas suyas) y el equipo también. Desde el comienzo la pieza se planteó como una colaboración artística de todos con todos. Dejando entrar los accidentes y las ocurrencias de todos. Sí, se nos fue muchas veces, pero era parte del planteamiento, dejar que se nos fuera. Muchas de esas ocasiones en las que se nos fue de madre están dentro de la pieza.

Creo que este film es un buen ejemplo de que también se pueden hacer cosas de calidad en pequeño formato y con poco presupuesto, ¿es el cortometraje una modalidad marginada en el mundo del cine?
Es que fíjate que yo no lo considero un corto. Porque ya te digo que no sé qué es -y me gusta que sea así-. Por duración (29min) sí es un corto, pero su género me provoca dudas. Por eso le hemos llamado “cosa”. Julia me habla de videoarte/performance. Otros que lo ven hablan de docuficción. Cada uno que le llame como quiera.

El corto como formato podría tener muchísima más visibilidad de la que tiene, sí, desde luego. En ese sentido, podemos hablar de que el estigma de “hermano pequeño” de la película sigue estando presente en el imaginario colectivo cuando no hay nada más lejos de la realidad. También es cierto que en los últimos años hay grandísimas iniciativas en apoyo del formato. Y que directores consagrados basculan entre el largo y el corto y eso ayuda a que al corto se le tome más en serio. Así que bueno, se están haciendo cosas. Aunque se podrían hacer más, por supuesto.

Un consejo para la nueva generación de artistas que intentan abrirse hueco en el mundo del cine.
Que tiren palante con ganas y sin miedo. Y que sean majos y generosos. Que al final en esto estamos todos juntos.