Entrevista a Sergio Castellitto para VANITY FAIR.

Sergio Castellitto es un hombre tremendamente atractivo y sereno en persona. Todo el mundo le conoce. Hay pocos que no hayan visto la cara de este actor afable en alguna película europea de los últimos años. Su presencia se ha extendido más allá de las fronteras de su país de origen, Italia, para formar parte del imaginario del cine europeo. Tiene aire de persona cercana, de amigo conocido, de confidente sabio. Quizás sea la experiencia que lleva sobre los hombros. No solo del mundo cinematográfico, sino también de la vida.

Esta vez visita el Festival de Cine de San Sebastián en la Sección Oficial en competición con su tercera película como director bajo el brazo, ‘Volver a nacer’. Como en la segunda, ‘Non ti muovere’, vuelve a adaptar un best-seller de su mujer Margaret Mazzantini (‘La palabra más hermosa’) y a contar con la presencia magnética y entregada de Penélope Cruz (su nombre ya suena como firme candidato al premio a la mejor actriz). Es un trío profesional que trajo muchísimas alegrías en el pasado y que se repite en esta coproducción europea (con gran participación española) centrada en la historia de Gemma (Cruz) y Diego (Emile Hirsch), una pareja de amantes entregada, con el telón de Sarajevo y la guerra como principal testigo. Una película sobre la familia, la maternidad, la guerra y una historia oculta que se transmite entre los muros de una ciudad derruida que intenta renacer. Un viaje, en todos los sentidos.

El público ha reaccionado entusiasmado con largos aplausos después del pase de esta mañana. Sin embargo, ayer la prensa recibió la película de manera más bien fría, pataleos y silbidos incluidos.

Yo hago cine para el público. Soy un cineasta, no un cinéfilo. Mi interés es puramente romántico y en ese romanticismo entra la comunicación con el público. Una vez dicho esto, lo que comentas es bastante normal. Ocurre con mucha asiduidad. Quiero decir que cuando el público ama una película, la crítica no la protege. Porque a la crítica lo que le interesa es acoger una película que pueda bendecir. Pero la verdad es que yo prefiero la bendición del público.

La película se sitúa en Sarajevo, con el escenario de fondo de la guerra. Es una película compleja, que discurre a lo largo de muchos años. ¿Cómo te enfrentas a estos ingredientes?

Este es el verdadero reto de la película. Es contar la guerra de Europa, su última gran guerra trágica, a través de la historia pequeña e íntima de esta pareja. En la película hay dos guerras: la exterior y la interna. Y ambas guerras se nutren la una de la otra. La película se estructura en torno a estas dos historias, la épica y la íntima, que parece que nunca se encuentran. Hasta el final.

¿No te asustaba que hasta el final, cuando se descubre la verdad, el público no tuviese la información? Una vez que sabes qué ocurrió, cambian mucho las cosas…

No, porque toda la historia gira en torno a desvelar el secreto, toda la película va dirigida hacia ese final. A mi me gusta pensar en esta película como un thriller del alma. Toda estructura, el fundamento de la narración, está en ese descubrimiento de la verdad.

¿Cómo es el proceso de trabajo con tu mujer, Margarte Mazzantini? Firmáis juntos el guión. ¿Además de serle fiel como marido, tienes que serle fiel como creador?

(Ríe) Como creador, no. El mejor modo de ser fiel al libro es traicionarlo, pero por traicionarlo quiero decir extraer de él lo que significa para ti. Leerlo, digerirlo y encontrar la historia en su interior que realmente quieres contar. Este es un libro de casi 600 páginas y la primera versión de la película duraba cuatro horas y pico. Evidentemente tuve que hacer muchísimas concesiones y cortes. Con Margaret nunca me he sentido obligado a hacer nada. Ha estado en todo momento involucrada en el proyecto, en todas sus fases. Es la persona de la que más me fío del mundo entero.

Eres actor y director. ¿Qué es lo que más te gusta de los dos mundos?

No pienso en esos términos. Me gusta hacer las cosas que me gustan hacer. En un mundo ideal, todos deberíamos poder hacerlo. En este momento de mi vida, me gusta más dirigir. Me hace sentir más completo.

La actuación de Penélope, como ya ocurría en ‘Non ti muovere’, es muy intensa. Por momentos parece que el personaje se descompone en la pantalla. Como director, ¿le das libertad para que ella cree o le marcas exactamente lo que necesitas?

Hago ambas, a la vez. Cuando el actor tiene tanto talento como Penélope hay que dejarle libertad. Pero esa libertad siempre tiene que estar encuadrada dentro de una jaula, dentro de unos límites. Es como el poeta, que escribe dentro de los límites de la rima.

¿Aceptarías que te dijeran que tu cine es un cine de sentimientos?

Estaría encantado. ¿Hay algo más interesante en la vida?

 

VANITY FAIR Septiembre 2012.